Palabras del Presidente Iván Duque en el acto conmemoratorio, ‘Tejiendo un acuerdo para la vida’

Discurso

Palabras del Presidente Iván Duque en el acto conmemoratorio, ‘Tejiendo un acuerdo para la vida’

Bogotá , 24/11/2021

 

 

 

Bogotá, 24 de noviembre de 2021.

Antes de mi intervención, quisiera invitarlos a todos a un minuto de silencio por las víctimas de la violencia en nuestro país.

¿Dónde está el tren de la Paz? El tren de la Paz en Colombia se encuentra en nuestra Constitución Política, en nuestra brújula como sociedad, en el faro y guía institucional.

Está presente en el Artículo 22 de nuestra Constitución que dice, de manera clara, que la paz es un deber y un derecho de obligatorio cumplimiento.

No son muchas las constituciones del mundo que tienen un artículo con esa precisión y, quizás, la razón por la cual está en nuestra Carta Política es porque hay un espíritu permanente en nuestra sociedad de alcanzarla y de lograrlo.

Y entonces, la pregunta para hacerse es, ¿Qué significa alcanzar la paz? Alcanzar la paz significa la ausencia de violencia, alcanzar la paz significa el triunfo de la convivencia, alcanzar la paz significa que en nuestro país nadie se sienta en situación de indefensión y temor por las razones de su pensamiento, de sus creencias, de sus actividades o a los grupos a los que pertenece.

Por lo tanto, cuando hacemos ese llamado, es porque sabemos que, a lo largo de nuestra historia, triste y trágicamente ha estado presente la violencia; porque han sido algunos los que han tratado por la vía de la violencia doblegar a la sociedad, condenarla, flagelarla, herirla.

Y es bueno, también, entender que una de las más grandes conquistas que ha tenido nuestra sociedad es, justamente, que ha podido escudriñar y llegar a cuestionar ese maligno relativismo moral que por muchos años fue justificatorio de formas de violencia.

No existen causas objetivas para que alguien le arrebate la vida a un hermano, a un connacional.

No existen causas objetivas para justificar un secuestro, el reclutamiento de un menor, la activación de minas antipersonales o quitarle la inocencia a un niño para llevarlo y someterlo a toda suerte de vejámenes.

Reconocer que no existen esas causas objetivas es el triunfo de la democracia, de la genuina democracia, donde la defensa plural y abierta de las ideas se pueden llegar a grandes acuerdos. Pero, también, en la libertad de elegir del ciudadano se construye la paz.

Colombia ha visto históricamente a lo largo de múltiples procesos que la impunidad ha estado presente.

En estos 200 años de historia, en muchas ocasiones, la impunidad ha estado presente.

Y, por eso, también, es importante agradecer y entender la evolución que ha tenido el Derecho Internacional para que esas circunstancias no se vuelvan a presentar ni en Colombia ni en ningún otro lugar del mundo.

El espíritu del Estatuto de Roma y la creación de la Corte Penal Internacional como instrumento de complementariedad, para hacerle un llamado a todos los ordenamientos jurídicos, para que se imparta justicia cuando se cometen graves crímenes, es un triunfo en sí mismo de la democracia y del Estado de derecho.

Fortalecimiento de la justicia

Por eso, es muy importante reconocer que en nuestro país se ha visto un fortalecimiento permanente de la justicia.

Quizás, la más clara demostración fue lo que dijo en días pasados visitando nuestro territorio Karim Khan, el Fiscal General de la Corte Penal Internacional. Reconocía la labor ardua de la justicia ordinaria, reconocía la labor ardua de (la Ley de) Justicia y Paz y reconoce, también, el trabajo que se está adelantando por parte de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).

Y por eso el cierre de un examen preliminar, que duró 17 años, es un gran triunfo colectivo, es un triunfo de la institucionalidad y es la demostración de que siempre se hace justicia y que la transicionalidad, también, es una forma que puede ser adaptada a las mismas características y lineamientos interpretativos del Estatuto de Roma mientras se mantengan vivos y presentes los principios de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición.

Desde que empezó nuestro Gobierno, fuimos conscientes del proceso que miles de personas han adelantado para hacer una reincorporación a la legalidad. Una reincorporación a una vida de convivencia.

Por eso, a los pocos días de haber asumido la presidencia, apreciado António (Guterres, Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas, ONU), te llamé y te pedí que la Misión de Observación que estaba a punto de terminar su tarea nos acompañara durante todo nuestro Gobierno.

Lo hicimos con la clara convicción de que sería una forma independiente y, por supuesto, imparcial, de mirar el trabajo más allá de las rencillas y las dificultades políticas que son propias de las democracias.

Y pedí, adicionalmente, un acompañamiento para que desde los territorios pudiéramos hacer de la reincorporación la piedra angular de una construcción, de un verdadero proceso de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición.

He tenido la ocasión de visitar varias ETCR (Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación). Lo he hecho en compañía de Naciones Unidas, de nuestro buen amigo y Eamon Gilmore, Representante de La Unión Europea, aquí presente, de varios de los embajadores y de una institucionalidad que quiere sembrar esa confianza.

Hemos tenido que sortear múltiples vicisitudes y dificultades, incluyendo la aparición de un enemigo invisible, como la pandemia del covid-19.

La reincorporación

Pero hoy, tres años y cuatro meses después, nos alegra que el 95 % de las personas que han estado en proceso de reincorporación –y estaremos muy pronto llegando al 99 %– tienen acceso a la seguridad social, a los bienes y servicios del Estado.

Y hemos logrado que quienes aún permanecen en las ETCR empiecen a construir soluciones de propiedad y de vivienda que, aunque no estaban escritas en el acuerdo, realmente, significan, también, una oportunidad de dignificación y de construir un proyecto de vida.

Nos complace que, en este proceso, son ya más de 3 mil proyectos productivos individuales y que hemos dado un paso exponencial en los proyectos productivos colectivos para quienes están en proceso de reincorporación.

Pero, también, nos llena de alegría que hemos visto a la Regiones, a esos 170 municipios que fueron los más golpeados por la violencia y por la pobreza, para que tengan los Planes de Desarrollo (con) Territorial (PDET) como eje central de su planificación.

Por eso, se han logrado concretar 14 Planes de Desarrollo Territorial de los 16. Y hemos dado, también, otro paso sustancial, son más de 2,500 obras PDET que se han concluido en lo territorios y son más de 9 billones de pesos de inversión que se ejecuta en esa Colombia profunda.

Y, sin desmedro de que se siga adelantando, también, inversión social en el resto del territorio, para no generar ese conflicto entre quienes son y quienes no son PDET, porque sería, entonces, antipático con otros lugares de la población que, también, han hecho un gran esfuerzo. Entonces, se han logrado compaginar.

Se ha puesto en marcha el Catastro Multipropósito para pasar de un 5 % de actualización catastral a un 50 % en el año 2022. Estaremos llegando a finales del mes de diciembre a 50 mil títulos de propiedad otorgados en el territorio, una cifra histórica.

Y estaremos, también, avanzando para que, en el resto del territorio nacional, cuando se hable de la Atención Integral al Campo –que con acuerdo o sin acuerdo era un deber moral del Estado colombiano– tendremos concretada la mayor inversión en vías terciarias.

Y, adicionalmente, estaremos viendo más de 300 mil productores pequeños del campo vender sus productos sin intermediación, teniendo una expansión clara del financiamiento rural, una expansión clara de los micro seguros del campo y una expansión, también, muy importante de inversiones en riego, electrificación y acceso al agua potable.

Atención a las víctimas

También, nos complace que en materia de víctimas ampliamos, con el apoyo del Congreso de la República, la ley de Víctimas 10 años más, concretando, también, avances en la reparación colectiva e individual.

Y hemos, también, participado activamente en la reglamentación de las 16 curules para las víctimas para que sean ellos, con su voz y con su voto, quienes puedan, también, ser escrutadores, garantes y aportantes a la construcción de políticas públicas para una reparación que se vea en todo el territorio nacional.

Quiero, también, agradecer hoy acá el trabajo interinstitucional. Este no es un esfuerzo solamente de un Gobierno. Se debe, también, al apoyo de alcaldes y gobernadores, al tesón y a la entrega, también, de los funcionarios del Gobierno Nacional.

Doctor Emilio Archila, Consejero (Presidencial) para la Estabilización y Consolidación del Territorio), mi reconocimiento a usted, a su equipo, por haber llevado a cabo muchas de estas instrucciones. Y hacerlas, porque genuinamente, cuando llega la inversión social al territorio y se cierran brechas se construye la paz de manera clara.

Quiero, también agradecerle a la Fuerza Pública. A esos héroes que todos los días cuidando a Colombia y que supieron dejar atrás situaciones difíciles de violencia para asumir el cuidado y la protección de quienes han hecho una apuesta clara por la reincorporación.

Hechos que causan dolor

Quiero, entonces, hacer referencia, también, a las cosas que nos duelen. Nos duelen, por supuesto, los asesinatos de cualquier ciudadano, de cualquier ciudadano. Nos duelen, también, los asesinatos de excombatientes. Nos duelen, también, los asesinatos de líderes sociales.

Pero qué bueno hacernos la pregunta de ¿quiénes están detrás de esos crímenes? Sin lugar a dudas, ahí están presentes otras formas de violencia que no se han extinguido en el país. El Eln, el Clan del Golfo, los Pelusos, los Caparros, los Puntilleros y otra serie de organizaciones que antecedieron y que siguieron, aun después de la firma de los acuerdos, pero que tenemos que enfrentarlos con determinación.

Fiscal (General de la Nación, Francisco) Barbosa, yo quiero hacerle a usted un reconocimiento –y al equipo de la Fiscalía– porque el esclarecimiento de estos crímenes no tiene parangón. Más del 61 % de los crímenes, de los asesinatos de personas en proceso de reincorporación, nos permiten conocer que, efectivamente, son esas manifestaciones de violencia las que están detrás de esos asesinatos.

Lo mismo ha ocurrido con el caso de los líderes sociales que han sido asesinados por el narcotráfico, por otras formas de terror y que, también, demandan para la construcción permanente de la paz que se aplique con contundencia el Estado de derecho. Tal vez, cimentado en muchas de las lecciones que ha tenido nuestro país.

Por eso, también, en nuestro Gobierno sacamos adelante en el Congreso una reforma constitucional, a partir de la cual ni el secuestro, ni el narcotráfico son delitos conexos al delito político y, por ende, no son amnistiables. Una visión hacia el futuro, pero un llamado, también, a quienes quieren con la violencia construir caminos de impunidad.

Y, yo quiero, sobre el asesinato de las personas en proceso de reincorporación, hacer esta reflexión; tristemente, este ha sido un fenómeno presente en muchos procesos de paz. Poco se habla de ello, pero en un trabajo investigativo que hemos podido analizar para un proyecto editorial que tenemos con el doctor Emilio Archila, quiero traerlo a colación.

900 desmovilizados del M19: 25 asesinatos, para un total de 2,8 %, de quienes se desmovilizaron.

2.200 del Epl; 331 asesinatos, una terrible tasa de letalidad del 14,6 %.

La corriente de renovación socialista: 433 personas en reincorporación, 79 asesinatos, una triste tasa del 18,2 %.

Quintín Lame: 157 personas en reincorporación, 5 asesinatos, 3,2 %.

También, partido revolucionario de los Trabajadores: 200 personas desmovilizadas, 29 asesinatos, una terrible tasa del 14,5 % de las personas que entraron en reincorporación.

Las Auc: alrededor de 31.000 personas en reincorporación y desmovilización, 3.589 asesinatos, una tasa del 11,3 %.

Y, en el caso de las Farc: con cifras a febrero de este año, de 13.196 (excombatientes desmovilizados), 254 asesinatos, para una tasa del 1,4 %.

No traigo esto para hacer comparaciones, pero sí para mostrar una historia de dolor que ha estado presente en los procesos de reincorporación en Colombia y que no pueden suceder.

Claramente, podría alguien decir, analizando las cifras, lo que se ha presentado con las Farc es la más baja de estos procesos, pero eso no reconforta el alma ni el corazón. Tenemos que desmantelar las estructuras que han estado detrás de estos asesinatos. Ese es un deber imperioso de la sociedad colombiana.

Los principios de verdad, justicia reparación y no repetición

Y, permítanme, apreciados amigos, hacer referencia a uno de los aspectos, quizás, más polémicos, pero también, al mismo tiempo, que nos tiene que llevar de convicción de futuro: la justicia.

Colombia tiene una política de Estado en materia de desmovilización, desarme y reinserción que ha sido adaptada, que ha sido, también, desarrollada por las distintas administraciones, pero que en los últimos 15 años ha empezado a abrazar los principios de verdad, justicia, reparación y no repetición.

Es bueno, también, mirar a la historia. No para que las comparaciones se vuelvan odiosas, sino para entender su evolución misma. El proceso de Justicia y Paz, que fue avalado, también, por el Fiscal General de la Corte Penal Internacional, Luis Moreno Campo, entendía que se podía dar una reducción sustancial de la pena, más no la ausencia de pena.

Y aunque se tratara de sanciones que guardaban poca proporción por lo deleznables de los crímenes, fue avalado, porque tenia esos principios. Hoy, también entendemos que la Justicia Especial para la Paz esta construida sobre esos pilares.

¿Y cual es el anhelo que tenemos los colombianos, doctor Eduardo (Cifuentes, Presidente de la JEP)? Que la verdad sea total, que no sea una verdad adaptada, que sea una verdad oportuna y que se entienda, por parte de los victimarios, que la oportunidad es, porque si no la comparten en el momento debido, la sanción, también, estará presente como un mecanismo para mostrar que nadie está por encima del Estado ni lo puede manipular.

La justicia. La justicia debe tener sanción, sanción moral, sanción efectiva y entendemos que, si bien, se habla del concepto restaurativo, también, hay un anhelo de las víctimas al ver las sanciones, porque de ellas, también, dependerá la reconfortación en el alma de quienes, en el fondo de su corazón, y con el duelo de los seres queridos, portan un terrible dolor.

La reparación. La reparación no puede ser discursiva ni declaratoria ni denunciativa. Conocemos la labor que adelanta la Justicia Especial para la Paz y el trabajo que ha desarrollado la Fiscalía General de la Nación a través de sus instrumentos de extinción de dominio. Y con preocupación han señalado que falta reparación efectiva por parte de los victimarios.

Avanzar en este propósito y solicitarlo no es mi atacar ni bombardear ni enemistar las instituciones. Todo lo contrario, es buscar que todos caminemos como sociedad para que esa reparación se dé y se dé de manera exitosa.

Es importante ver los avances en lo que se han denominado los macrocasos, pero sabemos, también, las complejidades de unificar las materias temáticamente. No obstante, doctor Eduardo, creo que es importante que se pueda avanzar en lo que han sido las denuncias presentadas por la Fiscalía General de la Nación, desde el año 2019, en lo que corresponde a desaparición forzada en cabeza de las Farc y, por supuesto, en cabeza de otros actores.

Pero es necesario que este proceso avance. Y, por eso, todo el apoyo que pueda necesitar la Unidad de Búsqueda de Personas lo tendrá, como también lo ha tenido en su función dentro de la capacidad institucional la Fiscalía General de la Nación.

Tenemos que avanzar, también, en los delitos de desplazamiento forzado, porque se han entregado, también, denuncias muy importantes.

Es importante, también, hablar de las muertes a grupos y los ataques a espacios selectivos de la sociedad; como, también los métodos de guerra no permitidos que han dejado a miles de personas perdiendo extremidades o, inclusive, quedando lisiadas en su movilidad de por vida.

Y, por supuesto, no podemos dejar de mencionar una necesidad urgente, que es investigar sobre el financiamiento ilícito de las Farc. ¿Por qué señalo esto importante? Porque conocer la verdad sobre el narcotráfico permite actuar con contundencia frente a las rutas, los corredores de abastecimiento.

Permite, también, saber quiénes eran los proveedores de precursores químicos, quiénes eran los compradores, las cadenas logísticas, derrotar ese narcotráfico con esa información es, también, vital para nuestro país.

No tengo duda de que todos los aquí presentes queremos ver una justicia efectiva, oportuna, real. Por eso, nuestra insistencia como Gobierno ha sido clara en buscar fortalecer la justicia.

La Paz con Legalidad

Lograr la primera reforma en muchos años, que le da servidumbre presupuestal y que busca aumentar la densidad de jueces en el territorio es, también, reconocer que la paz territorial requiere más jueces y más fiscales actuando en la Colombia profunda, porque son, también, una presencia efectiva del Estado.

Colombia hoy avanza en la Paz con Legalidad. Y yo hago esa mención por algo muy importante, doctor Antonio Lizarazo (Presidente de la Corte Constitucional), la honorable Corte Constitucional de Colombia, entendiendo que la aplicación de muchas de estas medidas tiene un alcance de cuatro administraciones ha permitido una interpretación y una adecuación a las prioridades de las administraciones, manteniendo la coherencia y la integralidad.

Pero es muy importante que, cuando hemos tratado de reivindicar el concepto de legalidad, es porque la paz de nuestro país requiere un fortalecimiento de la justicia en todo el territorio.

Ayer, tuve la ocasión, nuevamente, de estar en Llano Grande. Allí, estaban presentes muchas familias de personas en reincorporación.  Las abracé, conversé nuevamente con ellos, hablamos de sus expectativas y, con ansiedad, están esperando esas primeras 109 viviendas que estarán en el primer semestre del año entrante con su título individual de propiedad.

Pudimos ver su confianza. Y entendemos que, por ellos, también, tenemos que perseverar.

La paz, como lo he dicho tantas veces, no tiene dueño. El tren de la paz no le pertenece sino al pueblo colombiano, establecido en la Constitución, en ese bello Artículo 22. Y, por eso, me siento, también, en el deber de hacer referencia a que la construcción de la paz, también, tenemos que enviar mensajes claro a quienes quieren, desde la violencia, seguir arrebatándole la tranquilidad a Colombia.

Cuando empezó nuestro Gobierno decidimos hacer una evaluación en un periodo de 90 días para hacer referencia al Eln. ¿Y qué nos encontramos? Pese a la generosidad del Estado colombiano de sentarse 17 meses, en esos 17 meses cometieron 400 actos de terrorismo, asesinaron más de 100 personas y secuestraron más de 10 colombianos.

Vimos, con dolor la tragedia de Tulio Mosquera y vimos, también, esos hechos deleznables de un carro bomba que le apagó la vida a 22 muchachos que apostaban por la paz sirviéndole a Colombia, llevando el emblema de “Dios y Patria” que distingue a una Policía que todos los días se esfuerza en cada cuadrante, en cada vereda, por sembrar paz igual que lo hacen todas las Fuerzas Militares.

El mensaje que le hemos dado al Eln ha sido coherente. Alcanzar la paz requiere un compromiso que no sea de palabra ni discursivo. Y eso implica la liberación de todos los secuestrados y ponerles fin a los actos criminales. Pretender hablar de paz mientras se asesina y secuestra es una burla a la Colombia que construye la paz todos los días.  Por eso, la amplitud, parte de esos criterios.

Apreciados amigos, querido Antonio, gracias. Gracias por tu presencia en Colombia, gracias a Carlos Ruiz Massieu (Representante Especial del Secretario General y Jefe de la Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Colombia) que ha estado presente con esa misión de verificación. Gracias por tus consejos, por tu amistad, gracias por haberle hablado ayer desde el corazón a esas personas en proceso de reincorporación. Y por después estar en Apartadó viendo las obras que se adelantan en los territorios.

La paz con legalidad es una realidad. Y qué bueno que entendamos que al no tener propietarios y ser, también, parte de una construcción colectiva que reconozcamos lo que se construye entre todos.

Los triunfos de Colombia son de todos los ciudadanos. Y aquí lo único que importa es que cuando se construye la paz estemos sembrando alegría en el corazón de cada ciudadano.

Escuché con atención las palabras de Diana Sofía. Diana, muchas gracias. Sé lo difícil que es llevar el dolor. Pero, también, valoro esa capacidad de perdón.

También a Débora. Quiero agradecerle ese llamado para aumentar todos los días la presencia territorial.

Y Doctor José (Antequera Guzmán, Director del Centro de Memoria, Paz y Reconciliación de la Alcaldía de Bogotá), escuché con atención y con humildad sus comentarios. Aquí en este día quiero decirle a usted que no solamente pusimos la primera piedra del museo, sino que semanalmente le estamos haciendo seguimiento.

Y hoy puedo comprometerme que antes del 7 de agosto del año 2022 estará terminado e inaugurado el Museo de la Memoria histórica de Colombia que, también, le pertenece a todo un país.

Apreciados amigos, este tiene que ser un momento de muchas reflexiones, pero también, quiero decir con orgullo que la Paz con Legalidad avanza y, avanza, porque queremos una mejor sociedad.

Muchísimas gracias.

(Fin/mpp/zia/ccm/lfg/aa/vcz/gaj)

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